Eramos casi felices y no nos dimos cuenta

Cuándo regresarán los abrazos y los besos? ¿Cuándo volverá a ser habitual dar la mano, el gesto más antiguo de amistad, de cortesía o de reconciliación? ¿Cuándo, en fin, la democracia recobrará su sistema de plenas libertades? Si dudamos sobre el tiempo en que regresarán esos actos elementales de la vida cotidiana, todo lo demás es solo una cadena de deducciones. La virulencia y la duración de la peste son incógnitas que no se han revelado aún.

El riesgo que más atemoriza al Gobierno es la instalación de la pandemia en el vasto y frágil conurbano bonaerense, donde el Estado y la gente viven al día. La cuarentena es la única solución que encontró hasta ahora la humanidad para una enfermedad sin vacuna y sin remedio. Pero muchas personas viven en una o dos habitaciones en barrios carenciados o villas. La vida social ahí transcurre en la calle o en las plazas. ¿Cómo pedirles a muchas personas que respeten el encierro en pocos metros cuadrados? En el conurbano, la región más poblada del país, habita la mayor cantidad de cuentapropistas. Gente que trabaja sin relación de dependencia. Otro grave problema son los niños y jóvenes adictos al PACO, que desde ya no pueden por su adicción estar en cuarentena es sus domicilios, salen a la calle en busca de la droga y se agreden con los guardianes del orden

El freno de la economía significa quedarse sin ingresos en un país donde el 40% de su economía es informal. En la propia Capital, hay departamentos de dos o tres ambientes donde viven muchas personas de clase media. El estrés y la depresión de semejante encierro baja las defensas del cuerpo y modifica el equilibrio psicológico. La comprensión inicial del aislamiento puede convertirse en rebeldía en cualquier momento.

“Éramos casi felices y no nos dimos cuenta
Resumen de un articulo de Juaquin Sola
La Nación 29 de marzo 2020