Trastorno de apego reactivo.

La palabra “trastorno”, nos remonta a pensar que esto únicamente es un padecimiento de “adultos locos” y dejamos de lado la adolescencia y la infancia.

En cuanto a un trastorno durante la adolescencia, si bien no es imposible diagnosticarlo, es más difícil debido a las situaciones que esta etapa conlleva. Tales como necesidad de pertenecer al grupo, problemas con la autoridad, problemas con los cambios físicos y hormonales, entre otros.

Pero ¿qué sucede cuando alguien le diagnostica a un niño algún trastorno? Primordialmente, hay que considerar que, al hacer un diagnóstico a cualquier individuo, como psicólogos, es necesario tener bases y la seguridad de los síntomas que presenta para realizarlo, pues es algo que puede afectar a la persona.

Entonces, así como debemos tener delicadeza al realizar un diagnóstico a un adolescente o a un adulto, con un niño hay que tener todavía más cuidado, debido a que esto puede marcarlo por el resto de su vida.

Y al entregar nuestro informe como profesionales de la salud hay que ser cuidadosos, ya que al igual que con las enfermedades físicas, las mentales deben tener su tratamiento y continuidad, para mejorar la calidad de vida de los pacientes.

En este artículo hablaremos sobre el Trastorno de Apego Reactivo que se presenta en los niños, así como los síntomas, causas y el tratamiento, para que sepamos identificar cuando uno de nuestros pequeños niños necesita el apoyo psicológico para que no afecte sus relaciones interpersonales, familiares y personales cuando estos sean mayores.

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¿Qué es el Trastorno de Apego Reactivo?

Este trastorno es poco común en los pacientes que lo presentan. Los niños que lo padecen tienen una gran dificultad para relacionarse socialmente en cualquier contexto, es decir, la familia, escuela, compañeros de juego y cualquier lugar donde el niño deba interactuar con otros menores o adultos.

En muchos casos, es difícil para los padres tener la seguridad de que sus hijos no se acercarán a desconocidos, sobre todo hoy en día que la problemática de seguridad es alarmante a nivel mundial.

Mencionando lo anterior, debemos tener en cuenta que el niño con Trastorno de Apego Reactivo no tiene la inhibición necesaria para limitarse al realizar actos peligrosos. Por e contrario, la confianza excesiva que presentan los lleva a confiar en extraños, sin medir el peligro que esto conlleva, poniendo en alerta a los padres, pues sus hijos no son paces de “no hablar con desconocidos”, como a muchos de nosotros nos indicaban en nuestra infancia.

Teoría del APEGO: Tipos y Desarrollo

Por otra parte, se encuentras los niños que presentan el tipo de Trastorno de Apego Reactivo inhibido, donde les es difícil interactuar con cualquier persona que se le acerque con la intención de demostrarle cariño, afecto o atención, llegando a ser hostil y retraído.

Este trastorno se da a partir de la relación que mantiene el niño con los cuidadores primarios, es decir, mamá, papá o tutores de los pequeños durante el período de seis meses y tres años de edad.

Esto se debe a que, en este período, la separación con los cuidadores se da de forma repentina, o por la falta de respuesta que el cuidador tiene cuando el niño intenta comunicarle algo.

Hoy en día, pensaríamos que muchos de nuestros niños pueden presentar este trastorno debido a que es más común que las madres trabajen, y una vez que su incapacidad por maternidad finaliza, debe volver inmediatamente a trabajar, dejando al bebé al cuidado de un tercero, sin embargo, no siempre deriva en este trastorno, es por eso que a continuación veremos algunas de las causas que dan origen a esta patología.

Causas del Trastorno de Apego Reactivo

Basándonos en el período de seis meses y tres años de vida del niño, donde es aún más necesario satisfacer sus necesidades básicas como la alimentación, los cuidados, cariño y protección, esto no es recibido de forma suficiente.

Por lo general, los padres de estos pequeños tienen pocas habilidades afectivas y tienden a no expresar sus sentimientos, desinteresándose incluso por las necesidades que el menor pueda presentar, o por el contrario, en algunos casos expresan excesivamente el afecto, regañando después, sin razón alguna, al niño.

Se presenta también en niños que han vivido violencia intrafamiliar, ya sea directamente a él o alguno de los miembros de la familia. Inclusive niños que han vivido en situación de calle o en orfanatos, pasando de una familia a otra, pueden derivar en un Trastorno de Apego Reactivo.

Todas las causas anteriores, pasan como un mecanismo de defensa que el niño implementa para evitar ser heridos afectivamente como lo fue en el período que continuamente hemos señalado (seis meses – tres años).

Síntomas del Trastorno de Apego Reactivo

Los síntomas para este trastorno se dividen en dos grupos, para los niños que presentan la forma inhibida o para los niños que lo presentan de forma desinhibida. A continuación, se presentan los síntomas para ambos tipos desde los parámetros del DSM-V.

Forma inhibida

Alteraciones en el patrón de comportamiento, emocionalmente retraído hacía los cuidadores.

Mínima reacción social y emocional con los demás.

Afecto positivo limitado.

Episodios de irritabilidad, tristeza o miedo inexplicado.

Falta persistente por parte de los cuidadores, en cubrir las necesidades emocionales básicas.

Repetitivos cambios de cuidadores primarios.

Educación en contextos no habituales.

Evidente sintomatología antes de los cinco años.

Aspecto triste y desganado.

Incapacidad de sonreír.

Desinterés en los juegos de los demás.

Forma desinhibida

Alteración en el patrón de comportamiento, es decir, interacción activa con adultos extraños.

Reducida reticencia a aproximarse a adultos extraños.

Excesivamente familiar comportamiento verbal o físico.

Recurre poco o nada al cuidador después de una salida arriesgada.

Disposición de irse con adultos extraños.

Hay que tener en mente que estos síntomas debieron presentarse durante los primeros cinco años de vida y tener en claro que ambos tipos del Trastorno de Apego Reactivo son similares e independientemente del tipo, la presencia de los síntomas puede indicarnos la presencia de este trastorno.

Tratamiento para el Trastorno de Apego Reactivo

Debido a que es un trastorno que tiene su origen en las relaciones familiares, es necesario, evaluar a través de un enfoque sistémico si se pueden realizar intervenciones con la familia, y en caso de que no sea un ambiente favorable para el menor, trasladarlo a un contexto distinto para su correcto desarrollo.

Al iniciar el tratamiento, como con todos los diagnósticos de otras patologías, se debe abordar de forma multidisciplinaria, con psicólogos, médicos, trabajadores sociales y con los maestros, hablando del contexto educativo.

El niño deberá establecer una vinculación sólida con un adulto que sea capaz de brindarle atención emocional cuando esta sea necesaria. Por otra parte, debemos, como psicoterapeutas, fortalecer la autoestima del pequeño y ayudarlos a crear vínculos sociales sanos.

Cabe mencionar que, a pesar del esfuerzo y la dedicación que se ponga en el tratamiento del niño con Trastorno de Apego Reactivo, este llevará tiempo para sanar las heridas que dejo en el infante ante el contexto en el que se encontraba.

Y, puesto que no será tan sencillo el tratamiento, debe ser continúo y constante para evitar que en el futuro, este individuo genere algún otro problema de salud mental.

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Ariana Melisa González ps://www.infobae.com/america/tecno/2020/04/13/243-cursos-gratuitos-online-y-en-castellano-para-hacer-durante-la-cuarentena/ La Teoría del Apego de John Bowlby

27 ABRIL, 2019 ESCRITO POR REBECA TORRIJOS5 COMENTARIOS

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Cuando escuchamos hablar sobre el apego, a menudo pensamos en el concepto del que suelen hablar algunos autores y filósofos: depender de forma obsesiva de otras personas, no estar preparados para asumir la pérdida y depositar nuestra felicidad en manos de la presencia de personas u objetos determinados.

Sin embargo, los psicólogos, cuando hablamos de apego, nos referimos principalmente a la Teoría del Apego, formulada por el psicólogo inglés John Bowlby.

Él, dedicó su carrera profesional a intentar explicar cómo los seres humanos nos vinculamos entre nosotros y le concedió especial importancia a la relación que establecemos siendo bebés con nuestros cuidadores principales (que suelen ser nuestros padres), dándole un papel protagonista en la formación de los patrones afectivos que desarrollaremos como adultos.

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En este artículo, vamos a hacer un recorrido a lo largo de la teoría del apego. Es importante que la conozcamos ya que puede cambiar nuestra perspectiva a la hora de vincularnos con nuestros hijos. También nos servirá para promover su desarrollo emocional y para entender incluso quiénes somos a nivel afectivo y por qué nos relacionamos como lo hacemos.

¿Qué es el apego?

El apego es el vínculo que se establece entre el bebé y las personas que lo cuidan. Es el resultado de la interacción entre el niño (como buscador de contacto y vinculación) y los padres (como sistema de cuidados ofrecidos).

Está pre-programado biológicamente y es fundamental a la hora de garantizar la supervivencia de nuestras crías y su desarrollo a todos los niveles.

En este vínculo, el adulto que cuida, puede convertirse en una figura que proporciona apoyo y seguridad al bebé, para que se desarrolle de forma plena, explore el ambiente y sienta que el mundo es un lugar seguro. O bien todo lo contrario, en una figura que transmite inseguridad, ambivalencia o rechazo, transmitiéndole al bebé una visión del mundo como lugar inseguro e inhóspito.

En función de cómo sea la relación con sus cuidadores y con el contexto que lo rodea, el bebé irá desarrollando un estilo de apego y una forma de ver y relacionarse con el mundo que va a perdurar en la edad adulta, afectando a múltiples áreas de su vida.

¿Cuáles son las funciones del apego desde la teoría de John Bowlby?

El apego tiene funciones fundamentales relacionadas con el desarrollo del bebé:

Favorece la supervivencia, ya que mantiene en contacto a las crías y los padres. De hecho, cuando mamá o papá se alejan del bebé, éste reacciona con conductas que promueven la cercanía de quien lo cuida, como la queja, el llanto o vocalizaciones. A esas conductas, las llamamos conductas de apego.

Aporta seguridad al bebé para explorar el ambiente. Sabiendo que el adulto está disponible a todos los niveles, el bebé se atreve a investigar, a ampliar sus horizontes.

Aporta la estimulación necesaria para desarrollarse a todos los niveles (físico, emocional, mental).

Fomenta la salud física y psíquica del bebé a través de todo tipo de cuidados.

Ayuda a que el bebé se desarrolle a nivel afectivo y social y aprenda cómo relacionarse con las personas que lo rodean.

Fases de formación del apego

El apego se va desarrollando a lo largo del tiempo, a medida que se va produciendo la adaptación entre bebé y cuidador. No se limita sólo a la infancia, sino que es un proceso que varía a lo largo de nuestro ciclo vital.

Siguiendo con la teoría de Bowlby, el apego se desarrolla a lo largo de 4 fases:

Fase de Pre-apego (0-2 meses). En esta fase, las personas ocupan un lugar muy importante para el bebé, pero no podemos hablar aún de apego, ya que no puede aún diferenciar entre sus figuras familiares y los desconocidos. Puede reconocer el olor y la voz de la persona que lo cuida, pero no podrá discriminarla visualmente hasta los 3 o 4 meses.

Fase de formación del apego (2-7 meses). El bebé reconoce ya a las figuras que lo cuidan y desarrolla conductas diferenciales (sonríe más a sus padres que a los demás, deja de llorar cuando ellos lo consuelan, llora cuando sus padres se alejan y no cuando lo hacen otras personas).

Fase de apego (7-24-30 meses). Se consolida el lazo afectivo con su cuidador principal. Uno de los criterios que se utiliza para saber  si se ha formado el vínculo afectivo es la “ansiedad por separación”. Ante la ausencia de su cuidador, el niño llora, protesta, intenta seguirlo, deja de explorar el ambiente. Aparece en esta fase también el miedo a los extraños.

Fase de relaciones recíprocas (de 30 meses en adelante). El niño ya entiende que la ausencia de los padres no es para siempre. Ya ha desarrollado el lenguaje y además tiene la suficiente capacidad mental como para predecir que, aunque se vayan, volverán. El niño puede seguir sintiéndose seguro siempre y cuando sepa dónde están sus padres y cuándo van a regresar.

¿Qué influye en la formación del estilo de apego?

En la formación del vínculo de apego intervienen las características y el comportamiento del cuidador principal (madre, padre o quien asuma la crianza). Son importantes: su sensibilidad hacia las necesidades del bebé, si disfruta de sus cuidados, si respeta o no la autonomía del niño y si está pendiente de él.

Pero no se trata de hacer recaer toda la responsabilidad sobre los padres o cuidadores. Hay otros factores que también influyen:

El temperamento del bebé (es más fácil crear un vínculo cercano si el bebé es tranquilo y apacible).

Las condiciones favorables de la persona que cuida.

El menor número de horas que el bebé pasa con un cuidador no parental.

La interacción de los factores anteriores, dará lugar a la formación del estilo de apego en el niño.

Te cuento a continuación cuáles son los estilos de apego y qué consecuencias tienen en nuestra vida.

Tipos de Apego

Los vínculos que desarrollan los niños con sus figuras cuidadoras se diferencian en su calidad. Por eso, hablamos de que existen diferentes patrones o estilos de apego, basados en un comportamiento diferencial que permanece estable a lo largo del tiempo.

Para discriminar cada estilo de apego, Mary Ainsworth desarrolló un procedimiento breve, que evaluaba la calidad del vínculo y que llamó “La situación extraña”.

A través de esta situación experimental permitió situar a los niños en tres patrones básicos, a los que se añadió con posterioridad un cuarto patrón.

Apego seguro. Tener un estilo de apego seguro se relaciona con haber sido cuidado por personas que están disponibles, que son coherentes, emocionalmente estables y mantienen formas de relacionarse con su hijo armónicas y cercanas.  La historia familiar a la que da lugar es satisfactoria, con un estilo educativo cálido a la vez que exigente y favorecedor de autonomía.

Apego Ansioso. Este tipo de apego se relaciona con tener cuidadores inconsistentes, incoherentes en su conducta con los hijos, inestables emocionalmente, con formas de relacionarse cambiantes. La historia familiar es más probable que sea insatisfactoria, con inestabilidad y estilos educativos sobreprotectores o incoherentes.

Apego Evitativo. Se ha relacionado con figuras hostiles hacia los niños o con dificultades para manifestar afecto. La historia familiar suele ser muy poco satisfactoria y las relaciones educativas son frías y hostiles, que pueden oscilar entre el autoritarismo y el abandono.

Apego Desorganizado. Se identifica con posterioridad. Es el menos frecuente y se relaciona con una posible psicopatología de los cuidadores. La historia familiar en este patrón abarca la desatención e incluso el maltrato. En consecuencia, los niños, desarrollan un patrón de sumisión para evitar la agresividad de los progenitores. La historia familiar resultante es muy insatisfactoria.

Consecuencias del apego en la edad adulta

Nuestros primeros vínculos afectivos condicionan cómo vamos a relacionarnos en la edad adulta y también cuál va a ser la forma en que veremos el mundo y nuestro futuro.

Haber tenido una base de seguridad en nuestra infancia, un contexto incondicional, disponible, eficaz y seguro, genera la expectativa de que nuestras necesidades van a estar cubiertas y de que tendremos a disposición los recursos necesarios para enfrentarnos a cualquier situación con éxito. Sobre esta base de seguridad y positividad, construiremos además nuestras relaciones sociales y afectivas.

Por el contrario, tener un contexto de cuidado inconsistente, genera desconfianza sobre si recibiremos o no los cuidados y el apoyo que necesitamos. Nos percibiremos como incapaces de promover protección y cariño y eso afectará a nuestro sentimiento de merecer amor y cuidados y por lo tanto a nuestra autoestima y a nuestra futura identidad como adulto.

Las personas con apego seguro, tienen, por lo tanto, más éxito en sus relaciones y más claridad en las decisiones que van tomando a lo largo de su vida.

Teniendo en cuenta lo anterior, creo que es de gran utilidad conocer esta teoría ¿Verdad?

Ventajas de conocer la teoría del Apego

Conocer la teoría del Apego nos proporciona grandes ventajas:

Ser más conscientes a la hora de vincularnos con nuestros hijos, teniendo la posibilidad de crear un vínculo seguro con ellos.

Identificar cuál es nuestro estilo de apego y saber cómo ha afectado a quiénes somos como adultos.

Comprender nuestro comportamiento a nivel relacional y poder tomar la decisión de trabajar en él para mejorarlo.

Entender mejor el comportamiento de las personas que nos rodean y su forma de relacionarse.

Decidir profundizar más sobre la teoría para poder discriminar el estilo de apego de las personas que nos rodean e incluso elegir compañeros de vida más compatibles con nosotros.

Como conclusión, te animo a que profundices en el tema si el artículo te ha resultado interesante. Encontrarás que esta teoría se puede aplicar a la crianza de los hijos y también a la formación de los vínculos de pareja, dos áreas fundamentales en nuestra vida que podemos mejorar y trabajar y que afectarán de forma notable a nuestra satisfacción vital.

Autor: ARIANA MELISA GONZÁLEZ.