Educación y salud, dos pilares claves.

Con el regreso a las aulas a la vuelta de la esquina y unos datos epidemiológicos que no permiten bajar la guardia, es hora de encarar el reto del nuevo curso con exigencias de protocolos, pero al mismo tiempo con confianza y compromiso social.

El reinicio del curso escolar está a la vuelta de la esquina. El departamento de Educación presentó ayer las líneas básicas del escenario especial para garantizar la vuelta presencial a las aulas anunciando una serie de medidas organizativas sustanciadas en un importante refuerzo de profesorado (666 docentes) con una elevada inversión de 47 millones. Lo hizo acompañado del departamento de Salud, esencial en esta crisis y que lleva colaborando con diferentes departamentos en otros procesos complejos como la recuperación de la actividad social y económica tras los duros meses de confinamiento. En ese sentido, la vertiente sanitaria, tanto de atención como de detección, parece razonablemente garantizada, aunque cuando se habla de covid-19 siempre hay que estar abiertos a actualizaciones y mejoras continuas. Es evidente a estas alturas de la pandemia que el sistema de salud necesita reforzar sus recursos humanos y materiales ante lo que pueda venir y tras el duro tiempo pasado. Invertir en salud es la mejor fórmula para que el resto del engranaje funcione. Igual que invertir en Educación es esencial para que la sociedad crezca y avance.

Este inicio del curso contiene una serie de condimentos especiales además del necesario equilibrio entre salud y economía. Más allá de reivindicaciones sindicales y demandas sectoriales, por encima de legítimas vivencias de familias y alumnado o de polémicas concretas sobre protocolos, horarios, PCR o mascarillas, lo sustantivo es que la salud y la educación son dos ejes básicos de la cohesión social. Y también que no dejar a nadie atrás en esta crisis es uno de los principales retos a los que se enfrenta Navarra. De ahí que las medidas y decisiones de un Gobierno con visión integral, con ser importantes, no deberían terminar ni en el aula ni en un hospital o centro de salud, sino que tienen que tener una visión en clave de conciliación de vida laboral y familiar, equidad, empleo… Pero también es un buen momento para que la ciudadanía, tanto en su rol de receptores de servicios como de profesionales de los diferentes actores implicados en la vida común, demuestre un compromiso social y una responsabilidad colectiva acorde con el momento tan excepcional que está tocando vivir. Todo el mundo tiene que poner algo de su parte para que la sociedad no se fracture y siga avanzando en este difícil camino de avances y retrocesos, de miedo e incertidumbre que supone vivir y convivir con el covid-19. Una sanidad y una educación pública de calidad son dos pilares claves en ese edificio a reconstruir.

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