Todo lo público debe ser excelente y equitativo para todos.

RECORDAR EL PREÁMBULO DE NUESTRA NACIÓN.

Afianzar la justicia, consolidar la paz interior, promover a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino: invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia: ordenamos, decretamos y establecemos esta Constitución, para la Nación Argentina. Lo público debe ser bueno y equitativos para todos por igual.

Tenemos excelentes profesionales para la salud deseosos de trabajar en el ámbito de la niñez.

Tenemos docentes experimentados en las distintas áreas desde lo Jardines Maternales a las Universidades.

¡¡Trabajemos!!

La pandemia de COVID-19, el dengue, la malaria, la pobreza; fueron, como consecuencia, el más duro golpe, promocionado la precariedad que durante décadas se engendró en América Latina. No sólo exhibió la desigualdad, la pobreza, la insuficiencia de nuestros sistemas de salud y la mala calidad educativa para enfrentar la contingencia, sino que además mostró el profundo malestar de una buena parte de la población, así como el divorcio con los gobernantes, algunos ensoberbecidos en sus discursos pero muy alejados de las realidades de la gente.

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Contagios, fallecidos, aislamiento y distanciamiento social, pérdida de empleos, pobreza, injusticias: como nunca antes la convergencia de crisis sacudió el frágil subsuelo del subcontinente más desigual del mundo.

Muchos de los habitantes la conocieron gracias a los noticieros y al trabajo de algunos periodistas muy buenos. Ciertos gobernantes trataban de no mostrar.

La mirada latinoamericana percibe esa hermandad que tenemos en nuestras rarezas: el destino de vivir en países con riqueza que han sido sistemáticamente empobrecidos, con el resultado que hoy tenemos 70% niños pobres lejos de sistemas educativos de calidad, y excluidos del pregonado acceso a la salud y alimentación inadecuada según las edades de los niños/as.

No es casualidad que la pandemia genere tanto daño por las incapacidades estructurales, como se está mostrando actualmente cuyo origen es de muchos años, que funcionan desde la desigualdad y la injusticia, y lamentable ignorancia, con sistemas de privilegios que benefician a muy pocos pero que excluyen a demasiados.

Con la riqueza concentrada en pocas manos y la pobreza distribuida ampliamente, nosotros ya soportabamos la epidemia de la precariedad y la miseria.

En este contexto, la pandemia demostró una nueva SOCIEDAD de pobreza; y su consecuencia, la MISERIA, no sólo vino a romper la salud y la economía sino que profundiza muchos de los males con los que hemos convivido desde siempre. Pero más allá del incremento de la pobreza/miseria, de la profundización de la desigualdad y de la precarización de un mundo ya bastante frágil, uno de los grandes riesgos es que los efectos económicos se vuelvan parte de la estructura y se quedarán durante mucho tiempo, lo que quiere decir que la pobreza crezca y permanezca, que los empleos y las oportunidades siguen siendo precarios y que los escasos ingresos siguen frenando los intentos de mejoría. El deseo es que no sigamos asi.

Salud educación y comunidad

Es la política que no comprende que estamos entrando en un periodo de gran pobreza producida por la falta de un historial de una adecuada y oportuna lucha contra la miseria, que superó la pobreza.

Revertir la desigualdad es uno de los grandes retos. Y uno de los primeros pasos que podemos dar para enfrentar este mal endémico es recuperar lo público: para todos y con la misma calidad.

La educación, la salud, la cultura, son derechos. Cuando son deficientes, excluyentes, marginales y precarios generan una mayor desigualdad que refuerza el sistema de privilegios en el cual los que cuentan con más recursos económicos pueden emigrar hacia lo privado y vivir en burbujas ajenas a todos aquellos que viven en condiciones más precarias y se resignan a lo que haya.

La salud y la educación públicas son DERECHOS fundamentales para revertir la desigualdad.

La Educación Pública y el cuidado de la salud son indicadores fundamentales para minimizar la desigualdad.

Debemos asegurarnos de que la educación que reciben las personas con escasos recursos sea de excelencia como las que reciben los pudientes, que las escuelas públicas tengan la mejor calidad y que las innovadoras técnicas de educación estén con los maestros/docentes preparados para educar a los niños.

Igualados en la calidad educativa y de salud, hay oportunidades de construir espacios menos injustos.

Lo público debe ser sinónimo de calidad e inclusión con amplia participación.

Medicina escolar, y www.saludeducacionycomunidad.com brega para poder sensibilizar a la población/humanidad a esta perfección. Es el mayor deseo junto con la cantidad de personas que pretenden lo mismo desde los distintos ámbitos de la sociedad, indiscriminadamente de las religiones, etnias, formaciones intelectual, ubicación geográfica, sistemas educativos (privado y público) solo saber que la Educación, la Salud son derechos alcanzables.

Queremos que estén presentes nuestros lectores en nuestro sitios dando sus opiniones.

DR. Juan Marcelo Cosin.