Meritocracia.

Un interesante debate surgió esta semana luego del discurso del Presidente en el que habló de la meritocracia.

De todas las broncas discursivas que florecen a diario en esta Argentina de la pandemia, con un humor social al filo del hartazgo, el debate en torno a la meritocracia tuvo, al menos, un sentido.

La fórmula: meritocracia y equidad.

Narodowski no es un detractor liso y llano de la meritocracia. Pero tampoco un cultor devoto. La principal objeción, que él pone en primer término, es “que un sistema de méritos como la meritocracia, premia los resultados sin importar el esfuerzo”. Lo cual lleva a una gran confusión. Reconoce que, evidentemente, pensar en resultados es muy positivo para el desarrollo de cualquier sociedad. “El problema es que esos resultados no son para cualquiera. El mérito es solamente para aquellos que están en condiciones de alcanzarlo”. ¿Quiénes son los beneficiados? “En una sociedad como la nuestra, aquellos que tuvimos la suerte -porque realmente es pura suerte- de nacer en un tipo de hogar o de familia y no en otra”. Como contrapartida, “los que nacen en hogares con mayor vulnerabilidad socioeconómica, con más problemas familiares, etcétera, o que pertenecen a grupos discriminados, tienen muchas menos posibilidades de llegar”. ¿Cómo se afronta esa disyuntiva? “Se necesita una política de equidad para, de a poquito, intergeneracionalmente, ir igualando el terreno de juego”. Para redondear el concepto, Narodowski subraya que “al mérito no le importa el esfuerzo. Al mérito le importan los resultados. A la equidad le importan los esfuerzos”. Incorporar, pues, la equidad trae aparejada una ventaja adicional: “Esto es muy bueno para el mérito, no solamente por un problema moral; también es bueno para la democracia y para una sociedad capitalista. Es bueno que los que llegamos podamos sentir que los que vienen atrás nos vienen a disputar los lugares. Eso nos hace mucho mejores a nosotros también”. Y atentos a esta observación: “Si eso no ocurre, si los que están arriba no ven incomodados sus lugares, nuestra sociedad se transforma en rentista, patrimonialista, una sociedad de capitalismo de amigos, en donde funcionan el apellido, el acomodo, los contactos”. Si lo sabremos…

Sandel, el filósofo que llena estadios

Abundan en estos tiempos los ensayistas que le han dedicado su atención a la problemática de la meritocracia. Entre ellos destaca Michael J. Sandel, pensador político estadounidense seguido por una vasta audiencia. “La globalización proporcionó cuantiosas ganancias a quienes contaban con buenas credenciales -los triunfadores de la meritocracia- pero no aportó nada a la mayoría de los trabajadores”. Y así siguiendo en una línea argumentativa que parece coincidir con el ideario del presidente Fernández. Apunta, en definitiva, a las desigualdades impulsadas por el mercado en donde, por ejemplo, en el plano simbólico, Homero Simpson, como otros personajes de telecomedias, representa a los padres de familia de clase trabajadora que “son en su mayoría bufones inútiles y tontos”. Responde a la concepción consumista del bien común. A Narodowski no lo seduce demasiado navegar en las aguas de Michael Sandel. “Es cierto que el mayor reconocimiento puede estar en esos valores. Pero es propio de la sociedad capitalista. A mí me cuesta mucho juzgarlos desde afuera o moralmente”, dice. Por eso insiste con el concepto de equidad. “Para mí, el único punto en la Argentina es saber que los que tuvimos la suerte de nacer en mejores hogares y tener educación, siendo hijos de criollos o inmigrantes , tenemos la responsabilidad de ayudar a los que están en las peores condiciones para hacer una sociedad más igualitaria”. Como poniéndose una mano en el pecho, remata: “Ahí tenemos una responsabilidad social que, incluso como generación, nosotros no estamos asumiendo”.

“La meritocracia con equidad puede ser aceptada en la sociedad dado que los jóvenes contaran con las mismas posibilidades de ocupar un lugar distinguido de trabajo en la comunidad.

En el dia de la fecha se publicó que mas de 50% de los chicos viven en la pobreza y sabemos perfectamente cuando la pobreza abraza, es más difícil lograr un lugar adecuado en la comunidad.”

– Dr. Juan Marcelo Cosin.