Estudio comparativo del desarrollo del lenguaje en niños monolingües y bilingües con trastornos del espectro autista.

En el dia del niño autista creo que este articulo puede ser de utilidad para los docentes de colegios inclusivos como tambien para padres que tiene hijos con el sindrie de autistas para su informacion.

Resumen

Este estudio trató de analizar cómo el proceso de desarrollo del lenguaje difiere entre un grupo de niños monolingües y bilingües con trastornos del espectro autista (n = 201) que tenían entre 5 y 8 años y procedían de diferentes países del mundo. Para lograr este objetivo, se desarrolló una escala Likert de cinco puntos de diseño propio, que cubría seis dominios lingüísticos diferentes para medir el nivel de dificultad experimentado por los participantes. La medición del nivel de esas dificultades se realizó sobre la base de métodos de análisis estadístico fiables. A continuación se comparó a los participantes de los dos grupos sobre la base de esas dificultades. No se observaron diferencias estadísticamente significativas entre los dos grupos en ningún dominio lingüístico. Si bien se observaron efectivamente, diferencias leves en los elementos de los principales dominios, se consideró que no eran estadísticamente significativas. Los resultados de este estudio sugieren que tanto el monolingüismo como el bilingüismo no tienen ningún efecto perjudicial en las capacidades de desarrollo del lenguaje de los niños con trastornos del espectro autista. Se observó que ambos grupos experimentaban el mismo nivel de dificultad en su proceso de desarrollo del lenguaje. Las limitaciones, implicaciones y otras sugerencias de este estudio también han sido discutidas en detalle.

Palabras clave: trastornos del espectro autista, desarrollo del lenguaje, monolingüismo, bilingüismo

1. Introducción

El trastorno del espectro de autismo (TEA) es un trastorno muy variado que se observa en los niños. Causa numerosos obstáculos en el desarrollo general del niño en diferentes áreas como las habilidades sociales, la comunicación, el habla y el comportamiento. Según el Manual de Diagnóstico y Estadística, esta condición se define formalmente como una deficiencia observable en la interacción social y las habilidades de comunicación de una persona en una amplia gama de contextos. El autismo también se ha caracterizado como un trastorno de espectro ya que resulta en que los niños tienen que enfrentar una combinación de desafíos angustiosos en el desarrollo de sus patrones sociales, habilidades sociales, comunicación, lo que resulta en habilidades de comportamiento restringidas (Vahia, 2013).

Según una encuesta realizada en los Estados Unidos, 1 de cada 54 niños sufre de TEA (Maenner et al., 2020). Se considera que es el resultado de varios factores ambientales y genéticos. Dado que el trastorno afecta de manera diferente a cada niño, impide que adquieran destrezas o que se enfrenten a desafíos intelectuales. También se produce junto con una serie de otros trastornos comórbidos. El TEA puede restringir las interacciones y la comunicación de un niño con su entorno social y la sociedad en general (Posar, Resca, & Visconti, 2015). Los signos de autismo tienden a ser visibles desde una edad temprana. Algunos niños autistas pueden no ser capaces de desarrollar más sus habilidades sociales y de comunicación una vez que empiezan a exhibir un comportamiento autista (Sandbank et al., 2017).

2 de abril: Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo - Todo Bonito

Un claro deterioro de las habilidades de comunicación social y de lenguaje es uno de los principales criterios de diagnóstico del autismo. Asimismo, varios problemas de atención y sensoriales también pueden combinarse con los síntomas centrales para empeorar aún más los efectos del trastorno. El proceso de desarrollo del lenguaje puede verse afectado negativamente por el autismo, desde cuestiones de impedimentos no verbales hasta la adopción de un lenguaje idiosincrásico, como la ecolalia u otros tonos inusuales, que son utilizados por los niños autistas para comunicarse con los demás (Mody y Belliveau, 2013). Los trastornos del espectro autista también suelen ser comórbidos con otras discapacidades intelectuales, hasta el punto de que se considera que una persona autista con un coeficiente intelectual (CI) medio es un individuo de alto funcionamiento a pesar de los problemas de deficiencia de lenguaje. Los niños autistas tienen también problemas de lenguaje receptivo y expresivo. Sin embargo, la gravedad de estos impedimentos puede variar ampliamente según el nivel de desarrollo, el entorno y la edad del niño. Los niños autistas también sufren de retraso o deterioro de las habilidades de lenguaje desde sus primeras edades, lo que también se da alrededor del momento en que los niños normales empiezan a aprender a formar frases y oraciones (Weismer, Lord, & Esler, 2010). Los niños con autismo pueden tener sus capacidades de desarrollo del lenguaje restringidas en diversos grados. Por ejemplo, es posible que algunos no puedan progresar más allá de la comunicación básica, mientras que otros pueden poseer un vocabulario completo y disfrutar del dominio de temas y asuntos específicos. Ciertos niños pueden ser incapaces de entender o usar tonos vocales o tener problemas con el ritmo y el significado de diferentes palabras. Los individuos en el espectro autista pueden tener habilidades lingüísticas restringidas debido a su pobre capacidad de atención, coeficiente intelectual y comprensión. Si bien los niños verbales pueden no tener dificultades de articulación del habla, generalmente están limitados en comparación con los niños no autistas (Werker & Byers-Heinlein, 2008).

Un niño en el espectro del autismo puede tener sus capacidades de desarrollo del lenguaje regular restringidas por esta condición ya que altera drásticamente las respuestas del cerebro a diferentes estímulos ambientales. En las personas normales, el cerebro posee la capacidad de detectar diferentes estímulos, patrones y también otras similitudes, facilitando así que las personas aprendan idiomas más rápidamente. Sin embargo, los niños autistas son incapaces de detectar los estímulos o patrones e incapaces de responder eficazmente. La reducción del lenguaje hablado y de la capacidad de producción de palabras en los niños autistas hace que les resulte difícil percibir el habla humana, mapear diferentes palabras y comprender información (Williams & Minshew, 2010). Dado que los retrasos en el desarrollo del lenguaje son quizás el síntoma más visible del autismo, es importante comprender las diferencias en el desarrollo que se produce entre los niños en un entorno monolingüe y bilingüe. También es crucial estudiar el efecto de los ambientes bilingües en los niños con autismo y su proceso de desarrollo del lenguaje, ya que se ha observado que los niños en ambientes monolingües sufren de un deterioro en la adquisición del lenguaje y en las habilidades de funcionamiento. Sin embargo, los estudios realizados hasta ahora indican que los entornos bilingües pueden ser más ventajosos para los niños autistas, ya que tienen un impacto positivo en sus capacidades de adquisición del lenguaje. Sin embargo, otros investigadores sostienen que estar expuesto a entornos bilingües puede perturbar el desarrollo del lenguaje en mayor medida entre los niños autistas (Dai, Burke, Naigles, Eigsti, & Fein, 2018).

A la luz de esta información, la presente investigación busca comparar el proceso de desarrollo del lenguaje en niños monolingües y bilingües con TEA para determinar cómo dos ambientes diferentes pueden impactar en este proceso. La siguiente pregunta es lo que este estudio trata de responder fundamentalmente:

1. ¿Qué tan diferentes son los niños autistas monolingües de los bilingües en términos del nivel de dificultad en su proceso de desarrollo del lenguaje?

2. Revisión de la literatura.

Se han realizado numerosos estudios sobre los trastornos del espectro autista con el fin de comprender su etiología y el impacto que tienen en las interacciones sociales de los niños autistas. Los investigadores del autismo han estado estudiando la comunicación social y los problemas de lenguaje durante años. El déficit en el desarrollo del lenguaje ha sido ampliamente reconocido como uno de los síntomas más observables del autismo. Por lo tanto, los investigadores también han hecho hincapié en la importancia de evaluar los trastornos del habla y los déficits tempranos del lenguaje en los niños con TEA antes de que cumplan cinco años (Hambly y Fombonne, 2012; Mody y Belliveau, 2013; Hampton, Rabagliati, Sorace y Fletcher-Watson, 2017).

2.1 Trastorno del espectro autista

El TEA es un trastorno del desarrollo que afecta a la adquisición del lenguaje y al proceso de desarrollo de un individuo, que son una parte integral de sus habilidades sociales (Williams & Minshew, 2010). Además, el autismo también causa interacción social y déficits de lenguaje al restringir el vocabulario y las habilidades del habla en los individuos autistas, disminuyendo así su interés en las actividades sociales (Chen & Kuo, 2017). La prevalencia del autismo varía mucho en función del género, ya que se ha observado que los hombres tienen cuatro veces más posibilidades de sufrir autismo que las mujeres (Baio et al., 2018). El término “espectro” también puede utilizarse al definir el autismo, ya que las personas afectadas tienden a tener sus comorbilidades y deficiencias en una amplia gama en términos de déficit de aptitudes y síntomas.

Puede ir desde un caso leve hasta un caso grave con capacidades de comprensión, niveles de coeficiente intelectual y expresiones verbales que varían ampliamente entre los niños afectados por el autismo.

Algunos pueden tener una capacidad de interacción social deteriorada mientras que otros pueden carecer de capacidades de desarrollo del lenguaje y del habla. Sin embargo, el diagnóstico de autismo se suele dar a quienes sufren de problemas y desafíos persistentes de comunicación social, entornos restringidos y patrones en términos de comportamiento, conductas repetitivas y capacidades de percepción sensorial restringidas también (Luiselli, 2014). Los niños con TEA pueden diferir en términos de las dificultades que experimentan mientras mejoran sus habilidades lingüísticas, su rendimiento académico y sus comportamientos de adaptación. Mientras que algunos pueden no ser capaces de formar y completar una frase legible, otros pueden poseer un rico vocabulario que les permite ser expertos en un determinado campo (Weismer et al., 2010). Numerosos estudios que buscaban comprender los diversos grados en que el autismo afecta a un individuo y la rica neurodiversidad presente en los sujetos autistas han confirmado el hecho de que las intervenciones tempranas podrían ayudar a los niños autistas a desarrollar una competencia en ciertos temas que podría ayudarlos a navegar con facilidad en la edad adulta (Renty & Roeyers, 2005; Fletcher-Watson, 2018; Houting, 2019). Se comprobó que las personas que fueron diagnosticadas a tiempo tenían un mejor desempeño en términos de adaptación y comunicación en comparación con los niños autistas no diagnosticados del mismo grupo de edad (Sandbank et al., 2020).

2.2 Desarrollo del lenguaje

La adquisición del lenguaje es sin duda uno de los aspectos más interesantes del desarrollo humano. Es un proceso que permite a los niños aprender, comunicarse y comprender el lenguaje desde una edad temprana. El desarrollo del lenguaje tiende a tener lugar rápidamente durante la infancia, cuando el lenguaje del niño comienza a pasar de balbuceos incomprensibles a oraciones estructuradas (Rudd & Kelley, 2011). Las interacciones sociales de un niño también juegan un papel crucial en el fomento de la capacidad del niño para comprender el lenguaje (Aslan & Akyol, 2019). El proceso de desarrollo del lenguaje permite que los niños se conecten y entiendan diferentes contextos sociales y los pensamientos e ideas articulados por otras personas (Emen & Aslan, 2019). Vygotsky (1980) concluyó que la mente humana tiene un incentivo para ser social, ya que nuestras vidas tempranas dependen completamente de tener interacciones sociales exitosas. En tales casos, el lenguaje es un puente que permite a las personas interactuar con otros y con el entorno en general. Si bien las aptitudes para el desarrollo del lenguaje pueden variar entre los niños hasta los 5 años de edad, los investigadores han afirmado a menudo que hay muchas perspectivas sobre el desarrollo del lenguaje y, por lo tanto, es necesario considerar este proceso de manera holística. Ciertos estudiosos estudian cómo la adquisición del lenguaje afecta al desarrollo social y a la cognición humana analizando la edad en la que los niños empiezan a balbucear o a llorar y el mensaje que intentan comunicar con sus compañeros (Bodrova y Leong, 2006; Ermer, Guerin, Cosmides, Tooby y Miller, 2006). El lento desarrollo de las habilidades lingüísticas y la forma en que éstas finalmente dan lugar a palabras legibles a la edad de 1824 meses se estudia a menudo bajo un intenso escrutinio. Los niños continúan desarrollando su competencia lingüística hasta los 8 años, momento en el que son capaces de utilizar las estructuras gramaticales correctas y pueden distinguir entre los acontecimientos reales e imaginarios (Dastpak, 2017). Los estudios de investigación realizados sobre el proceso de desarrollo del lenguaje en los niños muestran que los niños en entornos monolingües son capaces de diferenciar entre los idiomas pero responden sólo cuando se les habla en su lengua materna. Sin embargo, Höhle, Bijeljac-Babic y Nazzi (2020) sugieren que un niño que crece en entornos bilingües tiende a centrarse en las estructuras rítmicas, algo que los niños monolingües se pierden por completo. En comparación con los niños monolingües, la mayoría de los bebés bilingües también presentan diferencias estadísticamente significativas en la adquisición de la gramática, la percepción temprana del habla y el aprendizaje de palabras (Byers-Heinlein et al., 2020).

2.3 Etapas del desarrollo del lenguaje

Los niños tienden a experimentar el proceso de desarrollo del lenguaje en una secuencia bastante obvia, con una etapa específica que sucede a la anterior. Sin embargo, el proceso tiende a ser independiente de la edad, ya que los niños pasan por las mismas etapas en diferentes niveles de edad. Akmajian, Demers, Farmer y Harnish (1995) identificaron que los niños que aprenden su idioma nativo tienden a experimentar una serie de etapas a medida que progresan. El proceso de desarrollo del lenguaje incluye la adquisición y el desarrollo de ciertas habilidades de manera gradual, empezando por meros balbuceos y palabras hasta la construcción de oraciones gramaticalmente exactas con las inflexiones verbales correctas cuando sea necesario (Ball & Lewis, 2014).

La primera etapa del desarrollo del lenguaje se produce cuando los bebés sólo son capaces de oír y jugar con los sonidos. Sin embargo, las únicas formas en que responden son balbuceando o arrullando al hablante. Sólo con gestos sencillos de “reconocer y pedir” se obtienen respuestas de los niños en esta etapa. A la edad de 2 a 3 años, la mayoría de los niños son capaces de seguir instrucciones de dos partes (por ejemplo, Coge tu comida y ve allí), señalando las principales partes del cuerpo, los juguetes y la comida, y los artículos de ropa cuando se les pide. Pueden conversar “oraciones de tres palabras”, hacer “preguntas de dos palabras”, probar palabras multisilábicas, disfrutar de las palabras de desafío y hacer que entre el 50 y el 70 por ciento de su comunicación verbal sea comprendida por extranjeros. Su vocabulario también aumenta a 250300 palabras. También pueden hablar sobre eventos actuales y usar plurales regulares. Sus habilidades de escucha también han avanzado lo suficiente para responder correctamente a las instrucciones. Cualquier retraso que prevalezca durante esta etapa podría resultar en dificultades para interactuar con sus padres o en la falta de comprensión de órdenes y gestos básicos (Saxton, 2010).

A la edad de 3 ó 4 años, la mayoría de los niños son capaces de comprender las funciones de un objeto y son capaces de entender y preguntar “por qué”, “qué”, “quién”, “cuándo” y “cómo” preguntas de forma independiente. Su capacidad de escucha también ha avanzado lo suficiente como para responder adecuadamente a las instrucciones en tres partes. Pueden decir lo que otros están haciendo. Pueden conjurar oraciones para describir las funciones de un objeto y el tamaño de su vocabulario también ha aumentado a 1500 palabras en este punto. Del mismo modo, sus habilidades gramaticales también han avanzado lo suficiente como para poder hacer uso de estructuras complejas como auxiliares, conectores, pronombres y participio pasado. También pueden identificar posiciones, tamaños y cantidades (Saxton, 2010).

Entre las edades de 4 a 6 años, los niños son capaces de entender los conceptos de longitud, tamaño, posiciones y las diferencias entre estos conceptos. Llegan a ser capaces de escuchar y seguir instrucciones de varios pasos.

Pueden captar el significado de las conversaciones entre otras personas y disfrutar de una mayor capacidad de atención. Además, su vocabulario también se enriquece con cada día que pasa. Comienzan a usar oraciones complejas, se vuelven imaginativos mientras juegan con otros y mejoran sus habilidades de escritura (Foster- Cohen, 2013).

Para cuando cumplen 7 u 8 años, sus habilidades gramaticales verbales han madurado considerablemente. Pueden escuchar durante un período continuo de tiempo. Los niños también son capaces de distinguir entre la fantasía y la realidad y hacer preguntas más detalladas sobre el por qué y el cómo. Las respuestas se vuelven comprensibles para ellos y comienzan a hacer más preguntas y a buscar aclaraciones también. El fracaso en la realización de estas actividades puede verse en los niños que luchan por clasificar las cosas en categorías complejas o simples como frutas, animales, etc. Además, los niños con retrasos en el desarrollo pueden tener dificultades para expresar sus sentimientos, pensamientos, y luchan por aprender nueva información de otros o por seguir órdenes. Sus patrones de comportamiento social también están restringidos o limitados en un grado considerable. Cualquier retraso en el desarrollo en esta etapa podría resultar en dificultades al interactuar con sus compañeros o al seguir instrucciones o en la incapacidad de expresar adecuadamente sus sentimientos y pensamientos (Owens Jr, 1988).

Los estudios de investigación que analizan las diferentes etapas de desarrollo del lenguaje han reconocido que el desarrollo humano es prácticamente incompleto sin una fase de adquisición del lenguaje exitosa. Los investigadores han destacado una y otra vez la relativa facilidad con que los niños son capaces de aprender idiomas y desplegarlos prácticamente en un corto período de tiempo. Es como si los seres humanos estuvieran preprogramados por sus genes para adquirir herramientas de comunicación para vivir una vida social activa (McLaughlin, 2006). Algunos investigadores han atribuido el aprendizaje de idiomas a una predisposición biológica para el aprendizaje y la adquisición de conocimientos lingüísticos. Otros atribuyen el desarrollo del lenguaje puramente al entorno social en el que uno nace (Fernández y Cairns, 2011).

2.4 Estudios anteriores sobre el autismo y el desarrollo/desarrollo del lenguaje

La deficiencia del lenguaje es uno de los rasgos más observados de los trastornos del espectro autista. El impacto del autismo en el desarrollo del lenguaje de un individuo puede variar ampliamente, desde impedimentos no verbales leves hasta la adopción de un lenguaje totalmente único en el que los niños tienen que utilizar la ecolalia y esos tonos para comunicarse (Mody & Belliveau, 2013). Los investigadores también han estudiado el impacto de los trastornos del espectro autista en el desarrollo del lenguaje y la asociación. Estos estudios concluyeron que había tres déficits primarios inherentes a los niños con autismo: retrasos en las primeras etapas del desarrollo del lenguaje donde los niños continúan en una etapa holofrástica o de balbuceo por un período prolongado de tiempo, seguido por el uso de un lenguaje atípico como la ecolalia y finalmente triunfado por dificultades pragmáticas (Hudry et al., 2010). En un estudio realizado con niños autistas para comprender la ecolalia se reconocieron sus ventajas para ayudar a la comunicación, lo que permitió a los niños con trastornos del espectro autista reducir su carga cognitiva, ayudándoles así a iniciar y mantener una conversación con otros y a la vez a adquirir capacidades lingüísticas reales. Otros estudios sobre la ecolalia mostraron que los niños autistas la consideraban una señal de progreso en el desarrollo del lenguaje (Robert, 2014; David y Weismer, 2014). Además, Lund, Kohlmeier y Durán (2017) también llevaron a cabo un examen sistemático del desarrollo del lenguaje en niños autistas criados en entornos monolingües y bilingües, en el que se demostró que sólo había pequeñas diferencias entre los niños que crecían en ambos entornos en lo que respecta a su lenguaje expresivo y receptivo. Sin embargo, González-Barrero y Nadig (2020) llegaron a la conclusión de que era mejor que los niños autistas crecieran en un entorno bilingüe, ya que les ofrecía una perspectiva multidimensional.

Seung, Siddiqi y Elder (2006) presentaron un estudio monográfico sobre un individuo autista que había crecido en un entorno bilingüe y la respuesta a la eficiencia de los servicios de intervención. El estudio tenía una opinión positiva sobre la oferta de servicios de intervención en el idioma materno de la persona, junto con una transición gradual y lenta a otro idioma. Bird y otros (2005) realizaron una encuesta en la que se interrogó a 48 padres/tutores de niños autistas que se estaban criando en entornos bilingües. Se observó que la mayoría de los profesionales aconsejaban a los cuidadores que enseñaran a su hijo un solo idioma, aunque en el entorno del niño se hablaran varios idiomas.

En un estudio más reciente, Mody y Belliveau (2013) consolidaron la opinión existente de que los precursores preverbales y verbales del desarrollo del lenguaje deberían utilizarse como base para estudiar las diversas anomalías cerebrales y conductuales vinculadas al desarrollo del lenguaje en los niños con trastornos del espectro autista, proporcionando así intervenciones farmacológicas apropiadas para el tratamiento eficaz de esos trastornos. Alike, Wilkinson y otros (2020) también llevaron a cabo un estudio de investigación longitudinal para estudiar la relación entre el desarrollo del lenguaje en niños autistas de entre 3 y 24 meses de edad y el electroencefalograma. La conclusión que se extrajo de los datos fue que las asociaciones entre el lenguaje y el electroencefalograma pueden tener lugar de forma diferente, dependiendo de los mecanismos cerebrales y del estado de riesgo. Las investigaciones de Jouravlev y otros (2020) redujeron la lateralización del lenguaje en 28 personas con TEA y concluyeron que se trataba de un marcador de autismo espacialmente selectivo y robusto.

La persona normal que ve una carta tiende a grabarla y nombrarla automáticamente incluso cuando su memoria de trabajo frontal y el hemisferio izquierdo la procesan. Por otro lado, las personas autistas tienden a procesar información similar con su hemisferio derecho, por lo que no logran recodificar dicha información de manera lingüística, lo que hace que los niños sean incapaces de alcanzar la competencia en estas áreas del lenguaje (Williams & Minshew, 2010).

Ciertos estudios que exploran el proceso de adquisición del lenguaje en niños autistas bilingües informan que tanto los niños monolingües como los bilingües poseen habilidades de adquisición del lenguaje similares y tenían habilidades lingüísticas expresivas y receptivas comparables (Beauchamp & MacLeod, 2017). Por otro lado, los investigadores demostraron que la mayoría de los padres bilingües eran reacios a enseñar más de un idioma a sus hijos autistas, ya que les resultaba difícil comprender y entender varios idiomas. En consecuencia, preferían enseñar sólo el idioma cultural relativo seguido del idioma nativo (Hammer et al., 2012). El ensayo clínico de Akabogu y otros (2020) fue un estudio que buscaba comprender los efectos de los programas de intervención de educación del lenguaje en más de 86 participantes, lo que permitió aumentar la participación de los individuos autistas en las reuniones sociales. Este resultado demostró que la intervención en el lenguaje era una herramienta útil para aumentar las tasas de participación social de los niños autistas. Otro estudio con 1615 participantes autistas, que buscaba estudiar la eficiencia de los programas de intervención, reveló que las intervenciones naturalistas, de desarrollo y de conducta también tenían beneficios positivos para los niños autistas (Sandbank et al., 2020).

Los estudios mencionados anteriormente revelan algunas ideas fascinantes. En primer lugar, a pesar de las presunciones generalizadas de que los entornos bilingües causaban confusión adicional a los niños autistas, los estudios de investigación revelan que no hay pruebas tangibles que demuestren de manera concluyente la ocurrencia de retrasos en el desarrollo del lenguaje debido al aporte adicional de lenguaje. Numerosos estudios realizados sobre el autismo han analizado el proceso de desarrollo del lenguaje bilingüe a partir de una amplia variedad de trastornos del lenguaje y del desarrollo (síndrome de Down, deterioro del habla, retrasos en el desarrollo). Los estudios actuales que exploran el desarrollo del lenguaje bilingüe y los individuos autistas no muestran ninguna evidencia de que la exposición a un segundo idioma pueda causar retrasos en el desarrollo del lenguaje (Hambly & Fombonne, 2012). Sin embargo, hay que recordar que la investigación en este campo es relativamente joven. Los resultados reales pueden variar, dependiendo de las circunstancias y la gravedad del trastorno del espectro autista.

En conclusión, existen varios estudios que exploran el proceso de desarrollo del lenguaje en niños autistas y cómo se ven afectados cuando se exponen a un ambiente en el que se utilizan regularmente varios idiomas. Sin embargo, estos estudios sólo se han realizado a nivel individual en niños que fueron criados en ambientes monolingües o bilingües para determinar el desarrollo de las condiciones de desarrollo neurológico en dicho ambiente. Se han realizado pocas investigaciones sobre las diferencias entre los niños autistas en entornos monolingües y bilingües y sobre cómo progresan en cada etapa del desarrollo del lenguaje. Para colmar estas lagunas, este estudio trató de comparar a los niños monolingües y bilingües sobre la base de los progresos realizados en cada etapa del desarrollo del lenguaje, a fin de comprender cómo su entorno ha influido en su progreso en etapas específicas de la adquisición del lenguaje.